Quiero comenzar con la experiencia que tuve el sábado pasado que fue mi primer día efectivo de servicio ya que el día que mi equipo fue por primera vez yo tuve clase en la escuela y si fui pero tuve la mala suerte de que no me dejaran entrar.
Yo estaba emocionado porque no imaginaba lo que me esperaba; los relatos de lo que habían hecho mis amigos no fue suficiente. Lo primero que hicimos cuando tuvimos acceso al zoológico fue ir a las caballerizas donde estaban alimentando a los caballos, por lo que tuvimos que esperar a que terminaran. Una vez que los caballos terminaron fue cuando vi a Teniente, un percherón belga imponente que me dejó perplejo. Al principio el caballo me intimidó y no tenía la suficiente confianza como para acercarme. Lo que siguió de esto fue tomar rumbo hacía el terreno asignado al Programa de Equinoterapia (sucede que está como a 1km. de las caballerizas) que se encuentra a un costado de la zona africana, justo enfrente de donde están las jirafas. El terreno es grande y hay una portería de fútbol y una carpa con sillas donde se espera el turno para subir al caballo.
Cuando comenzó todo me di cuenta de como funcionaba los turnos, simplemente quien llegaba más temprano pasa primero. En ese momento conocí a Juan O'Leary cuando montó a Teniente y subió a su primer paciente del día. Durante el recorrido me fijé en lo que hacía y me di cuenta de que cambiaba de posición a la niña que iba montada, le sujetaba los hombros y de repente le masajeaba la espalda o le movía los brazos a los lados y hacia arriba.
Al principio no me sentí requerido y sólo observé un rato y después decidí que sería bueno jugar con los niños, por lo que conseguí una pelota e invité a jugar a un niño llamado Quique. Le tomé mucho cariño a Quique porque le decía con que brazo o con que pierna tenía que golpear el balón y me entendía perfectamente por esto lo tomé de ejemplo para los demás niños y cuando él se daba cuenta de que lo hacían como él les aplaudía con una sonrisa de oreja a oreja. A parte de esto jugar con el fue divertidísimo.
Cuando me di cuenta que necesitaban mi ayuda fui a la tarima, que es de dónde se suben los niños, para ayudar a bajar a un niño y fue cuando me propusieron subir a una pequeña niña de más o menos 4 años. Yo accedí y al principio sentí miedo porque nunca había montado, a parte de ser responsable de una frágil niña que tenía que ir sentada con los pies cruzados. Decidí respirar y acoplarme rápido para hacerlo lo mejor que podía y si que lo hice porque la niñita tenía que ir bien erguida y logré que lo hiciera.
Ese es el relato de mi primera hazaña y fueron 3 más arriba de Teniente, cuando ayudé a Fernanda, Erika, y Lupita. Quería subir con Quique pero una chica se ofreció antes que yo así que desmonté de Teniente y fue cuando vi a Azucena llegar. Ese día Azucena tuvo una excelente idea, organizó una actividad con los niños en la que tenían que armar una flor de foami como regalo para sus mamás. De eso fue divertido como Quique (después de bajar del caballo) se comía el resistol cuando nadie lo veía.
Me tocó ver al lanzado de Miguel llevar a una chavita el sólo, (de las riendas de Chaparro) y se me hizo excepcional que fuera capaz de hacerlo él sólo (sin que nadie jalara del caballo)
Lo relatado anteriormente fue lo más destacado del primer día.
______________________________________________________________________
Segundo día
Ese segundo día fue hoy. Me levanté temprano y estaba en el zoológico a las 9:00 am como había quedado, pero fue diferente porque llegué a las caballerizas y le pregunté a don Alejandro (encargado de los caballos) que si ya estaban listos los caballos y me comentó que en un rato más los subía. Después yo fui a la zona africana y me di cuenta que había poca gente acomodando las sillas de espera y fue lo que hice ayudar a arreglarlas.
Pasó un buen rato y yo me entretuve viendo como ingerían su desayuno las jirafas. Después de un rato llegó Teniente con Don Alejandro y Chaparro (de las riendas de Don Pablo, a quien conocí más tarde) Al poco tiempo legó Juan y comenzó la sesión. Yo tampoco era muy necesitado y empecé a jugar con los niños así conocí a Poncho. Él era muy risueño y al pasar más tiempo con él yo también me reí mucho con él porque le encantaba tener algo en las manos y lo único que encontró a la mano fue mi gorra y mis lentes. Tengo que decir que con ellos se divirtió a lo grande. También jugamos a la pelota pero se divertía más lanzándola a la calle y viéndome ir por ella. Cuando fue a desayunar Poncho llegó un niño vestido como un auténtico ranchero. A él lo vi completamente normal, pero empecé a jugar con él y al hablarme le entendía muy poco y descubrí su problema, pero de verdad no fue obstáculo porque me divertí mucho con él jugando.
Esta vez me tocó ayudar más en las “pelotas” que es donde llevan a los niños a encestar balones (como básquet) lo que hice fue pasarles la bola (porque encestan desde el caballo). Otra cosa nueva que hice fue jalar a Teniente, me había tocado ir montado pero jalarlo es diferente, le fui perdiendo el miedo y lo hice bien, con dificultades de repente porque había veces que no me hacía caso.
Casi al final fue cuando monté a Teniente y estuve a lado de Anita y después de Héctor fueron los dos únicos niños a quienes di equinoterapia. Tanto disfrute este día también. Lo que tengo que admitir es que si es un buen ejercicio el montar, ya que estuve adolorido de las piernas, pero claro que esto es lo de menos, lo importante es lo que me divertí, lo que compartí con esos pequeños y el beneficio que hará la equinoterapia en ellos.